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  • Cuando lo perdí lloré en su puerta como un niño, pero eso no me hace niño me hace humano.
  • El que se atreve a llorar como niño frente a lo que ama… es porque amó de verdad. Y eso, en este mundo tan blindado, es algo bastante valioso.
  • A veces solo soltar la historia ayuda a que el peso se sienta un poco más ligero.
  • El niño llora porque no tiene filtros ni vergüenza; el adulto muchas veces se traga el llanto por miedo a parecer débil.
  • Si todavía duele, está bien que duela. El duelo no tiene fecha de caducidad ni reglas de “cómo debería ser”.
  •  Lloraste en su puerta porque en ese momento tu corazón no encontraba otro lugar donde dejar salir lo que llevaba dentro. Eso no te quita dignidad; te la devuelve.

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