A veces me pregunto cómo será la risa de alguien que ha estado roto durante tanto tiempo sin poder hacer nada. Sin siquiera moverse del charco ni de esas nubes grises que ciernen sobre él. Esa impotencia de no saber qué hacer ni cómo hacerlo ni con quién. No todo es color de hormiga, a veces, la tristeza tiene un color bonito en los ojos que hace brillar los tuyos cuando nada tiene sentido. Tiende su mano en tu hombro cuando las explicaciones lo son todo o como cuando terminas encontrando la respuesta y quieres jalar el gatillo sobre la sien, porque no es lo que esperabas. Esa gente que no se cansa de perseguir el laberinto es la que termina encontrando la salida, un día, mientras el sol yace radiante y espectacular, allí, a donde van a parar las cosas que nos hemos guardado por miedo a herir, o herirnos. Y, entonces, nos mira a distancia y lo hace como nadie lo ha hecho antes: precipitándose al precipicio y lanzando ojalas al aire queriendo a...